Referente mundial de las artes visuales, el mendocino construyó una obra innovadora basada en la luz, el movimiento y la participación del espectador. Su legado transformó para siempre la manera de entender el arte contemporáneo.
El mundo de la cultura despide a una de sus figuras más influyentes. Julio Le Parc, artista argentino reconocido internacionalmente como uno de los grandes referentes del arte óptico y cinético, murió este sábado a los 97 años en París, ciudad donde desarrolló gran parte de su carrera y desde donde proyectó una obra que trascendió fronteras y generaciones.
Nacido el 23 de septiembre de 1928 en Palmira, Mendoza, Le Parc se convirtió en una figura central del arte contemporáneo gracias a una producción innovadora que exploró la luz, el movimiento, los reflejos y la interacción con el público, rompiendo con los formatos tradicionales y redefiniendo la relación entre la obra y el espectador.
Su fallecimiento generó una profunda conmoción en el ámbito artístico internacional, donde era considerado uno de los máximos exponentes del arte cinético y una referencia ineludible para varias generaciones de creadores.
Un pionero que cambió las reglas del arte
Tras formarse en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, Le Parc obtuvo una beca del gobierno francés y se instaló en París en 1958, ciudad que se transformó en el epicentro de su carrera artística. Allí comenzó a desarrollar investigaciones vinculadas a la percepción visual, los efectos ópticos y las experiencias lumínicas que marcarían su producción posterior.
En 1960 fue uno de los fundadores del Groupe de Recherche d’Art Visuel (GRAV), colectivo que impulsó nuevas formas de participación del público en las obras de arte y cuestionó los modelos tradicionales de exhibición. La propuesta del grupo buscaba que el espectador dejara de ser un observador pasivo para convertirse en protagonista de la experiencia artística.
Su reconocimiento internacional llegó con fuerza en 1966, cuando obtuvo el Gran Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia, uno de los galardones más prestigiosos del mundo del arte. A partir de entonces, sus obras comenzaron a integrar museos, colecciones y exposiciones de relevancia mundial.
La luz como lenguaje
Le Parc dedicó gran parte de su trayectoria a investigar los efectos de la luz y el movimiento sobre la percepción humana. Sus instalaciones lumínicas, móviles suspendidos, juegos de reflejos y experiencias inmersivas transformaron la manera en que el público interactuaba con el arte.
Lejos de concebir la obra como un objeto estático, buscó generar sensaciones, desplazamientos y experiencias participativas. Esa búsqueda permanente lo convirtió en uno de los pioneros del arte cinético y en una figura clave del denominado op-art o arte óptico.
A lo largo de más de seis décadas de producción, sus creaciones fueron exhibidas en espacios de referencia internacional como el Palais de Tokyo de París, la Serpentine Gallery de Londres, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), el Pérez Art Museum de Miami y numerosas instituciones culturales de Europa, América y Asia.
Un legado que trasciende generaciones
Incluso en los últimos años, Le Parc continuó activo y generando nuevos proyectos. En 2026 tenía prevista una gran exposición retrospectiva en la Tate Modern de Londres, donde se exhibirían más de sesenta obras que recorren siete décadas de producción artística. La muestra había sido anunciada como un reconocimiento a su condición de “visionario” del arte contemporáneo.
Su influencia también fue reconocida en Argentina, donde recibió múltiples homenajes y distinciones. En Mendoza funciona un centro cultural que lleva su nombre y en 2022 fue distinguido nuevamente con el Premio Konex por su trayectoria.
Un artista comprometido
Además de su trabajo artístico, Le Parc mantuvo una activa participación en debates culturales, sociales y políticos. Durante los años sesenta acompañó movimientos estudiantiles y fue una voz crítica dentro del mundo del arte, defendiendo siempre la democratización del acceso a la cultura y la participación activa del público.
Su obra dejó una huella profunda en la historia del arte contemporáneo, no solo por sus innovaciones técnicas, sino también por su manera de entender el rol del espectador y el poder transformador de la experiencia artística.
Con su muerte desaparece una de las figuras más importantes del arte argentino y latinoamericano, pero permanece intacto un legado que continúa iluminando museos, galerías y espacios culturales de todo el mundo.







