El escritor y creador de Orsai quedó en el centro de una denuncia judicial por el sistema de financiamiento colectivo de sus producciones audiovisuales. Algunos aportantes cuestionan los bajos retornos y reclaman explicaciones sobre el manejo del dinero. Él salió a defenderse, mostró documentación y negó que haya existido una estafa.
Lo que nació como una apuesta por una forma diferente de hacer cine terminó en una fuerte polémica. Hernán Casciari, escritor y creador de Orsai, fue denunciado por presunta estafa y administración fraudulenta a raíz del modelo de financiamiento colectivo que impulsó para producir películas, documentales y series.
El conflicto enfrenta al escritor con personas que aportaron dinero para hacer posibles distintas producciones audiovisuales y que ahora cuestionan cuánto recuperaron de sus inversiones, cómo se distribuyeron los fondos y qué información recibieron sobre los resultados económicos.
Según informó Clarín, los denunciantes reclaman mayor transparencia sobre los ingresos, los gastos y el destino del dinero. La presentación judicial puso bajo la lupa un sistema que convocó al público a participar de proyectos culturales, con la expectativa de obtener una parte de los posibles beneficios.
De apostar por el cine independiente a reclamar por la plata
El modelo de Orsai Audiovisuales proponía una alternativa a la producción tradicional: en lugar de depender exclusivamente de grandes estudios o productoras, invitaba a los propios espectadores a financiar las obras mediante la compra de bonos de producción.
Los aportes podían ir desde los 100 hasta los 20.000 dólares y, de acuerdo con la propuesta, permitían participar de los eventuales beneficios comerciales de cada proyecto.
Sin embargo, algunos inversores aseguran que las devoluciones estuvieron muy por debajo de lo esperado. Entre los ejemplos mencionados en el marco del conflicto aparecen aportes de 2.500 dólares que habrían recibido 56,40 dólares, y otros de 850 dólares con retornos de apenas 9,87 dólares.
Los denunciantes también cuestionan la falta de balances auditados y plantean dudas sobre la forma en que se administraron los fondos de las diferentes producciones.
El punto central de la disputa es determinar qué se había prometido a los participantes, qué resultados económicos tuvieron las obras y si existieron irregularidades en el manejo del dinero.
¿Qué pasó con las películas y la serie?
El sistema de financiamiento estuvo vinculado a diferentes proyectos audiovisuales, entre ellos La uruguaya, Canelones, La muerte de un comediante, el documental Sola en el paraíso y la serie animada Emi On Off.
Los cuestionamientos de los aportantes apuntan a conocer con mayor claridad cuánto dinero ingresó, cómo se distribuyó, qué gastos tuvo cada producción y qué ganancias generaron las obras.
La polémica puso en discusión un modelo que buscaba acercar al público a la producción cultural, pero en el que los participantes no solo acompañaban una iniciativa artística: también arriesgaban dinero con la expectativa de recuperar su aporte y, eventualmente, obtener beneficios.
El descargo de Casciari: mostró un código QR y negó la estafa
Tras la repercusión de la denuncia, Casciari publicó un video en sus redes sociales para dar su versión de los hechos. El escritor rechazó las acusaciones y defendió el funcionamiento de Orsai.
En su descargo, mostró un código QR que, según explicó, permite acceder a documentación vinculada con los proyectos, incluidos gastos, pagos y facturas.
“En ese QR están todos los gastos, todos los pagos y todas las facturas, una por una”, sostuvo al referirse a la información que puso a disposición para respaldar su explicación.
Casciari también rechazó que el sistema de financiamiento pueda compararse con un esquema piramidal y negó que haya existido un fraude.
“Hubo uno que salió mal”: qué dijo sobre las producciones
Durante su explicación, el escritor defendió el modelo autogestivo de Orsai y recordó que el proyecto abarca distintas actividades culturales, como libros, revistas, talleres de escritura, obras teatrales y producciones audiovisuales.
Sin embargo, reconoció que hubo dificultades en el desarrollo de algunos proyectos.
“Tenemos alrededor de siete u ocho proyectos funcionando al mismo tiempo y hubo uno que salió mal. Eso es todo lo que pasó”, afirmó.
Además, dijo comprender el enojo de quienes se sintieron decepcionados con los resultados y aseguró que ya había pedido disculpas a los aportantes afectados.
Pero marcó un límite frente a las acusaciones: “Entiendo perfectamente esa decepción y esa frustración, pero bajo ningún concepto acepto que se hable de estafa, de fraude o de método Ponzi”, expresó.
De esta manera, Casciari reconoció que hubo problemas y resultados que no estuvieron a la altura de las expectativas, pero negó haber cometido un delito. Su defensa se apoya en la documentación que asegura haber puesto a disposición y en su rechazo a la interpretación de los denunciantes.
Una denuncia que abre interrogantes sobre el financiamiento colectivo
El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave para los proyectos culturales que buscan financiarse con el aporte del público: ¿qué información deben recibir quienes ponen su dinero y qué responsabilidades tienen los responsables cuando los resultados no son los esperados?
Mientras los denunciantes reclaman explicaciones sobre las cuentas y el destino de los fondos, Casciari sostiene que no hubo estafa y defiende la transparencia del sistema.
La denuncia deberá avanzar en la Justicia, que tendrá que determinar si existieron irregularidades que puedan constituir un delito. Por ahora, las acusaciones forman parte de una investigación y no equivalen a una condena contra el escritor.
Lo que empezó como una experiencia de producción cultural colectiva quedó envuelto en una disputa que combina dinero, expectativas y confianza. Y ahora, además de las películas y la serie, el futuro del modelo Orsai también quedó bajo la lupa.







