El primer ministro ultranacionalista felicitó a su rival, el conservador proeuropeo Péter Magyar. Con una participación histórica, la oposición logró una «súper mayoría» que promete desmantelar el modelo de democracia antiliberal y volver a acercarse a la Unión Europea.
En un giro político que sacude el tablero europeo y global, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, reconoció este domingo su derrota en las elecciones legislativas. El resultado marca el final de 16 años ininterrumpidos de un gobierno caracterizado por su perfil nacionalista, su cercanía con Vladimir Putin y sus constantes choques con Bruselas.
El gran ganador de la jornada es Péter Magyar, líder del partido opositor Tisza, quien logró capitalizar el descontento social por la economía y el desgaste institucional. Con el 72,4% de los votos escrutados, la oposición obtuvo una contundente mayoría de 138 escaños sobre un total de 199, superando el umbral de los dos tercios necesarios para reformar la Constitución.
«Para nosotros el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar», admitió Orbán ante sus seguidores en un discurso que sorprendió por su tono de resignación.
El fin de la «Democracia Antiliberal»
Orbán, de 62 años, se había convertido en el máximo referente de la derecha populista internacional, recibiendo incluso el apoyo explícito de figuras como Donald Trump. Su gestión estuvo marcada por políticas estrictas contra la inmigración, restricciones a los derechos LGTBQ y una reforma del Estado que, según sus críticos, limitó la libertad de prensa y la independencia judicial.
Por su parte, Magyar —un exmiembro del partido oficialista que saltó a la oposición hace apenas dos años— basó su campaña en la promesa de «liberar a Hungría» y restaurar el Estado de Derecho. “Elegimos entre el Este y Occidente, entre la propaganda y un debate público honesto”, declaró tras emitir su voto en Budapest.
Claves de una jornada histórica
Participación récord: Más de 7,5 millones de húngaros acudieron a las urnas, sumados a medio millón de residentes en el extranjero.
Giro geopolítico: La victoria de Magyar promete realinear a Hungría con la Unión Europea, tras años de bloqueos de fondos por denuncias de corrupción y falta de libertades democráticas.
Derrota del oficialismo: El partido Fidesz, que gobernaba con mayoría absoluta desde 2010, se quedó apenas con 54 escaños.
La extrema derecha: El partido «Nuestra Patria» logró entrar a la Cámara con 7 representantes, superando apenas el umbral del 5%.
Impacto internacional
Aunque la Unión Europea mantuvo una postura cautelosa durante la votación, fuentes diplomáticas sugieren que la mayoría de los Estados miembros ven con alivio la salida de Orbán, quien solía vetar sanciones contra Rusia y ayudas a Ucrania.
La caída del líder húngaro representa un duro golpe para los movimientos ultranacionalistas que veían en Budapest un modelo a seguir. Para Hungría, comienza ahora una etapa de transición hacia lo que Magyar define como una «vida pública íntegra» y una membresía leal a la comunidad europea.







