La caída de la coparticipación, el recorte de la obra pública y la falta de asistencia financiera directa encabezan los reclamos que varios mandatarios provinciales presentarán el próximo lunes a Guillermo Francos.
Los gobernadores provinciales llegarán el lunes a la Casa Rosada con una agenda cargada de reclamos económicos y una necesidad compartida: obtener respuestas frente al ahogo financiero que atraviesan sus distritos. La cita, gestionada por el jefe de Gabinete Guillermo Francos tras un pedido colectivo canalizado en el Consejo Federal de Inversiones, se concentrará en tres puntos neurálgicos: la caída de la coparticipación, la paralización de las obras públicas nacionales y la falta de asistencia mediante Aportes del Tesoro Nacional (ATN). El gobernador bonaerense Axel Kicillof expresó su intención de participar, en una convocatoria que promete mayor diversidad política que encuentros previos.
La preocupación por la merma en las transferencias automáticas domina la escena. Un informe reciente de la Comisión Federal de Impuestos estima que este año la coparticipación caerá un 4,2%, lo que equivale a unos 2,5 billones de pesos. Para muchas provincias, cuya economía depende en más de un 70% de estos recursos, el impacto es severo. A esto se suma el congelamiento de fondos para rutas y obras nacionales: de más de 2.300 proyectos en ejecución al inicio de la gestión actual, solo el 7% permanece activo. El resto fue cancelado o transferido a las provincias, sin los recursos correspondientes para sostenerlas.
El clima de malestar se incrementa con recortes indirectos, como la reducción de partidas al Plan Sumar+, que ha saturado el sistema de salud provincial, y con la demora en la aprobación de endeudamientos estratégicos. Desde el Gobierno, sin embargo, advierten que varias jurisdicciones aún cuentan con superávit fiscal y sugieren que ajusten sus cuentas internas antes de reclamar más fondos. Esa tensión se exacerba en un contexto electoral donde cada gesto, cada transferencia y cada obra reactivada puede leerse en clave política.
Mientras tanto, Francos se limita a escuchar, en un gesto que busca descomprimir la relación pero no garantiza soluciones inmediatas. La Nación mantiene su apuesta a negociar de forma fragmentada, provincia por provincia, sin ceder demasiado margen a distritos políticamente adversos. En ese tablero, las provincias no oficialistas evalúan sus movimientos con cautela, sabiendo que sus reclamos no solo se juegan en la mesa del Salón de los Espejos, sino también en la geometría parlamentaria que definirá, en los próximos meses, la viabilidad de las reformas estructurales del oficialismo.







