Durante décadas, la Argentina sostuvo un fenómeno único en el mundo: la carne vacuna, la de cerdo y la de pollo valían casi lo mismo. Una rareza que se explicaba menos por los costos productivos que por una tradición cultural arraigada y por un consumidor dispuesto a pagar por el bife lo que no pagaba en otros países. Pero esa etapa parece estar llegando a su fin.
Una tendencia creciente muestra que la brecha de precios entre la carne vacuna y sus sustitutos se está ampliando rápidamente, alineando a la Argentina con lo que ocurre en buena parte del mundo, donde el bife cuesta mucho más que una pechuga de pollo o una bondiola de cerdo.
El fin de la “paridad” entre carnes
Para comparar precios, especialistas aclaran que deben tomarse cortes equivalentes: la pechuga en el pollo, la bondiola en el cerdo y cortes “al plato” como el roast beef en la carne vacuna. Quitando distorsiones por huesos o piel, la tendencia es evidente: en el exterior la carne bovina siempre fue bastante más cara.
¿Por qué en la Argentina no era así? No por productividad. Producir un kilo de carne vacuna requiere unos 7 kilos de alimento; el cerdo está por debajo de los 3 kg y el pollo ronda los 2,5. El motivo era cultural: la preferencia histórica por la carne vacuna empujó a las otras proteínas a acomodar sus precios muy cerca de la primera.
Cuando éramos campeones del consumo
El país llegó a tener un consumo por habitante que rozaba los 100 kilos de carne vacuna al año a mediados del siglo pasado, cifras inalcanzables para el resto del mundo. Pero el stock ganadero se mantuvo estable mientras la población crecía: de 25 millones de argentinos en 1978 a casi el doble hoy, pero con el mismo número de cabezas de ganado.
El resultado es el esperado: el consumo cayó a la mitad y ronda actualmente los 48 kilos por persona por año. Sin embargo, al sumar pollo y cerdo, la Argentina sigue ubicándose en el top 3 mundial de consumo total de carnes.
¿Chau a la épica del asado?
Los números más recientes generan preocupación en la cadena frigorífica. Según un informe del especialista Juan Uccelli, la hacienda vacuna aumentó 72% en lo que va del año, mientras que el cerdo apenas 21%. Las estadísticas del INDEC marcan que la distancia entre los cortes bovinos y el pollo se ensanchó de manera notable en los últimos meses.
Lo que está sucediendo en el exterior muestra hacia dónde podría dirigirse el mercado local. En Japón, un bife cuesta 180% más que una porción de pollo. En Israel, 77%. En Alemania o Francia, entre 53% y 60%. Incluso Brasil —otro gigante carnívoro— duplicó la diferencia. Solo Uruguay mantiene cierta paridad, favorecido por una relación población/stock mucho más holgada.
Un cambio que parece definitivo
Con una productividad estancada, sin expansión del rodeo y con una demanda internacional sostenida por la carne vacuna —una de las proteínas más valoradas del planeta—, los especialistas coinciden en una proyección: el mix de consumo argentino tendrá menos carne vacuna y más cerdo, junto a un pollo que seguirá ganando terreno por precio.
La pregunta ya no es si esto ocurrirá, sino si los argentinos están listos para despedirse, al menos en parte, del ritual del asado tal como lo conocen.
La era de la abundancia de carne vacuna parece haber quedado atrás. Y, dicen los expertos, es irreversible.
Fuente: INFOCAMPO – RADIOBAN







