El 10 de Julio se celebra en Argentina, el Día del Carpincho o capibara o chanchito de agua según el dialecto de cada región. En su día, te contamos la leyenda de los amiguitos del litoral argentino. Se trata de la historia de un matrimonio con triste final, pero cuyo amor trascendió de cuerpo.
HÁBITAT Y CARACTERÍSTICAS
El carpincho es el roedor más grande del mundo. Capibara (deriva del tupi-guarani) devorador de hierva «kapiÿva» (guaraní) que se puede traducir como «señor de la hierba». Su nombre científico «hydrochaeris» signinfica ‘puerco de agua’ en griego.
Puede alcanzar los 1,30 metros y pesar hasta 60 kilos. De cuerpo redondeado con un pelaje marrón rojizo. A comparación del cuerpo, su cabeza es más pequeña y presenta orejas muy pequeñas, ojo a los laterales de la cabeza y un hocico prominente. El carpincho está adaptado para nadar y andar por tierra y lodo.
El carpincho es una de las especies silvestres más importantes del litoral y la fauna argentina aunque lamentablemente, son perseguidos por el hombre por su cuero. Su caza está prohibida en todo el territorio provincial.
El carpincho, que posee un área de distribución que abarca desde Panamá hasta el sur de la provincia de Buenos Aires, en la Argentina; está presente en todos los países sudamericanos a excepción de Chile. Suelen encontrarse en bosques y campos cerca de los cursos de agua y con abundancia de comida, informa el biólogo en referencia a su hábitat natural no intervenido. Al ser semiacuático, el carpincho también puede habitar bosques que se inundan estacionalmente, como las várzeas, y pantanos.
El carpincho se ganó el mote de “El rey del estero”. Sucede que su hábitat preferido es en los Esteros del Iberá, en el interior de la provincia de Corrientes. Los carpinchos tienen un lugar especial en nuestro corazones porque crecimos viéndolos en algunos rincones del país. Sus caras nos alegran el día. Además, les gusta andar en grupo y pueden convertirse en fieles compañeros de los seres humanos. Con tantos personajes y figuras teniendo su propio relato, no podía faltar el de ellos. Así que te contamos la leyenda argentina que habla sobre su aparición por nuestras tierras.
Leyenda: DON MARTÍN Y SU AMADA
La leyenda argentina dice que, cerca de los esteros y a orillas del río, se asentaba un hombre llamado Martín López. Era fuerte y rudo, de piel curtida y un muy hábil mariscador. Él vivía junto a su esposa, una mujer dulce como la piel, en un pobre rancho de adobe y paja. Cerca de su hogar, Martín había construido un depósito precario donde almacenaba cueros de yacarés y pieles de víboras. Asimismo, tenía plumas de garza y otros elementos que luego cargaba en su canoa y los llevaba para vender. Estos productos que comercializaba le dejaban lo que denominaba como “vicios”, que eran diversas provisiones. De esta manera, conseguía harina, grasa, fideos, yerba, azúcar y un poco de tabaco.
La pareja mantenía una vida solitaria y austera. Es que sus hijos ya estaban grandes y se habían marchado a la ciudad en busca de trabajo. En una jornada laboral como cualquier otra, Martín cargó su canoa, se despidió de la patrona y se fue. Consigo llevaba cueros, plumas y una lista de comestibles que necesitaba. Después de terminar con su negocio, el hombre solía quedarse unas horas con sus amigos para saborear unas copas de caña. Además, aprovechaban para compartir un partido de truco. Pero ese día se le hizo más tarde que de costumbre y lo agarró una feroz tormenta mientras volvía en el bote.
La tragedia que los unió
El viento soplaba y le dificultaba la visión, por lo que en el trayecto chocó con un embalsado. Esto produjo que diera una vuelta en campana y que Don Martín saliera despedido de la embarcación. Aunque no hubo certeza de la naturaleza del golpe, su cuerpo quedó enredado entre los pajonales y murió ahogado. Paralelamente, la leyenda argentina relata que su mujer se ponía nerviosa al ver que caía la noche y que el hombre no retornaba. Así que agarró el farol de kerosene como tantas veces lo había hecho y salió a buscarlo. Sin embargo, el ventarrón era insoportable y la lluvia cada vez corría con más fuerza.
Antes de llegar a la orilla la mujer se tropezó con algo en el camino. Instintivamente, soltó la lámpara que fue a dar justo contra el tronco de un sauce que comenzó a arder con el fuego. Lo que provocó que en cuestión de instantes se prendieran las malezas y los pajonales, que con ayuda del viento lograron alcanzarla. El atroz escenario continuó hasta pasada la media noche, pero cuando los rayos de luz iluminaron el día desprendieron una aureola.
Y desde el agua surgieron dos roedores jamás antes vistos, que se dirigieron hacia el lugar del incendio. Juntos recorrieron el espacio y en compañía mutua se adentraron en el estero. La leyenda argentina cuenta que sus almas se reencarnaron en carpinchos, los animales de inusual fidelidad que con su piel gruesa todo lo resisten.







