El escenario fue la Hidrovía que une Paraná y Paraguay, donde se confiscaron más de 4 toneladas de cocaína, la mayor cantidad detectada en territorio paraguayo.
Los responsables escondieron la droga en bolsas de azúcar, y pretendían eludir controles y llegar al puerto belga de Amberes, uno de los principales puntos de entrada de cocaína en Europa.
El descubrimiento tuvo lugar en el puerto privado de Caacupemí, cerca de Asunción, durante la Operación Dulzura. Tras varias semanas de inteligencia, las autoridades paraguayas identificaron irregularidades en un cargamento de 78.000 bolsas de azúcar.
Al inspeccionar la carga, se hallaron paquetes de 20 kilos de cocaína camuflados dentro de las bolsas de azúcar, usando un método sofisticado que dificultó su detección mediante escáneres.







