Perú vivió una jornada electoral clave en medio de un contexto de fuerte crisis política e institucional. Este domingo 12 de abril de 2026 se realizaron las elecciones generales para elegir presidente, en un escenario marcado por la fragmentación y la incertidumbre sobre quiénes avanzarán a la segunda vuelta.
La votación se desarrolló en todo el país, pero estuvo atravesada por inconvenientes logísticos que complicaron el normal desarrollo del proceso. Entre ellos, la falta de boletas en algunos centros de votación, lo que impidió que miles de ciudadanos pudieran emitir su voto durante la jornada.
Debido a esta situación, las autoridades electorales dispusieron una medida excepcional: permitir que más de 60.000 electores que no pudieron votar lo hagan al día siguiente, extendiendo así el proceso electoral.
En total, más de 27 millones de peruanos estaban habilitados para votar en estos comicios, en los que también se eligieron legisladores para un Congreso que volverá a ser bicameral después de décadas.
Uno de los datos más relevantes de esta elección es la gran cantidad de candidatos: hubo 35 postulantes a la presidencia, lo que refleja la fragmentación del sistema político y hace muy difícil que alguno logre imponerse en primera vuelta.
En este contexto, todo indica que habrá balotaje, previsto para el 7 de junio, ya que para ganar en primera vuelta un candidato necesita superar el 50% de los votos, algo que no se esperaba en este escenario tan disperso.
Según los primeros sondeos, la candidata Keiko Fujimori aparece como una de las principales favoritas para pasar a la segunda vuelta. Sin embargo, la disputa por el segundo lugar es muy ajustada y todavía no hay una definición clara sobre quién será su rival.
Entre los candidatos que pelean por ese lugar aparecen figuras como Rafael López Aliaga, Roberto Sánchez, Ricardo Belmont y Jorge Nieto, todos con porcentajes cercanos entre sí.
La definición podría demorar varios días debido al recuento de votos, las impugnaciones y los sufragios emitidos en el exterior. Mientras tanto, el país permanece expectante ante un resultado que definirá quiénes competirán en el balotaje en un momento clave para su futuro político.
Estas elecciones se desarrollan en un clima de inestabilidad, con varios presidentes en los últimos años y un fuerte malestar social por temas como la corrupción y la inseguridad, lo que aumenta la importancia del resultado final.
Con el cierre de las urnas, Perú entra ahora en una etapa decisiva: la espera por los resultados que definirán a los dos candidatos que buscarán la presidencia en la segunda vuelta.







