El Festival Latinoamericano de Cortometrajes Lapacho finalizó su vigésima edición con una ceremonia de premiación que reconoció a las producciones audiovisuales más destacadas de las competencias Universitaria, Regional y Latinoamericana, además de los proyectos seleccionados en el Lapacho LAB.
El encuentro se realizó el sábado 31 de octubre en el Complejo Cultural Provincial Guido Miranda y contó con la participación de realizadores, jurados, autoridades, equipos de producción y público.
Durante tres jornadas, Resistencia fue escenario de proyecciones, capacitaciones, encuentros profesionales y espacios destinados al desarrollo de nuevos proyectos audiovisuales, con la participación de representantes de Chaco, otras provincias argentinas y distintos países de Latinoamérica.
Durante el acto, el presidente del Instituto de Cultura, Mario Zorrilla, destacó el regreso del festival después de dos años sin realizarse y su importancia para la identidad cultural chaqueña.
«El Lapacho volvió para recordarnos algo muy importante: que la cultura puede atravesar dificultades, puede encontrar obstáculos, puede detenerse por un tiempo, pero cuando tiene raíces profundas en una comunidad encuentra la manera de renacer», expresó.
Además, sostuvo que el festival representa el florecimiento de un proyecto cultural que forma parte de la historia y la identidad del Chaco.
Los cortometrajes que recibieron los principales premios
En la Competencia Universitaria, el premio al Mejor Cortometraje fue para La cara de mi madre, de Berenice Zapiola y Anabel Villalba. El reconocimiento incluyó un millón de pesos aportados por el Nuevo Banco del Chaco y un mosaico realizado por la artista Licha Bernal.
También recibieron menciones especiales El Sur, de Martín Falco, y Cuando cierro los ojos, de Roberta Luciana Hernández. En tanto, Operativo Tarot, de Irina María Lugo, obtuvo el Premio FAB, que otorga una beca con pase directo al Encuentro de Estudiantes del Festival Audiovisual Bariloche 2027.
En la Competencia Regional, el cortometraje 1726, de Leonel Benítez, de Misiones, obtuvo los principales reconocimientos: Premio Maga al Margen, Premio Mbaretè y Premio Lapacho/Unicobros al Mejor Cortometraje Regional, que también incluyó un millón de pesos y un mosaico de Licha Bernal.
La Mención Especial del Jurado fue para Memoria en estiaje, de Federica Velasco, mientras que la Mención Pampa Fest correspondió a Los recuerdos que ya no le pertenecen a nadie.
Por su parte, en la Competencia Latinoamericana, la Mención Honorífica quedó para O Último Varredor, de Perseu Azul y Paulo Alipio. El premio al Mejor Cortometraje Latinoamericano fue para Lejos es muy lejos para mí, de Benjamín Álvarez Rojas.
Un impulso para nuevos proyectos audiovisuales
Otro de los momentos destacados fue la premiación del Lapacho LAB, un espacio destinado a acompañar y desarrollar nuevas propuestas audiovisuales.
El proyecto ganador fue Mordidas, de Brenda Fernández, que recibió tres reconocimientos: el Premio Maga al Margen, que incluye distribución en mercados y festivales internacionales y una mentoría personalizada de Liliana Amate; un aporte económico de un millón de pesos del Nuevo Banco del Chaco y un pase directo a Bolivia Lab en Cortos.
Con esta vigésima edición, el Festival Lapacho volvió a reunir a realizadores y trabajadores del sector audiovisual y reafirmó su lugar como espacio de formación, difusión y encuentro para el cine regional y latinoamericano.







