El gobierno de Francia acusó a grupos de ultraizquierda de planificar los graves disturbios que sacudieron al país durante el fin de semana, en medio de una creciente disputa política por la respuesta oficial frente a la violencia.
El primer ministro Sébastien Lecornu afirmó que algunos grupos habrían organizado un plan “insurreccional” en distintos puntos del país. Durante una sesión parlamentaria, mencionó el incendio del ayuntamiento de Limoges como uno de los episodios más graves. Este martes, un hombre de 34 años con antecedentes vinculados a la ultraizquierda fue detenido por ese hecho.
Las declaraciones se produjeron mientras el gobierno enfrenta cuestionamientos de distintos sectores políticos. La derecha y la extrema derecha acusaron al Ejecutivo de no haber previsto la magnitud de los disturbios, que incluyeron enfrentamientos callejeros, incendios de edificios públicos y saqueos de comercios.
Desde la izquierda, en cambio, reclamaron que las autoridades también escuchen las demandas sociales que llevaron a cientos de miles de personas a manifestarse pacíficamente contra el alto costo de vida.
En medio de las acusaciones cruzadas, el gobierno mantiene los toques de queda en sectores de París y en ciudades como Marsella, Niza y Burdeos. Las restricciones buscan impedir que vuelvan a formarse grupos violentos durante la noche.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, informó que más de 2.500 personas fueron detenidas durante los incidentes y que 123 permanecían en prisión, ya sea a la espera de juicio o por algunas de las primeras condenas.
La tensión podría continuar el próximo sábado, cuando los “chalecos amarillos” y estudiantes convocaron a una nueva movilización. Ante esa posibilidad, Lecornu anunció un operativo policial de gran escala.
Por otra parte, las autoridades investigan las causas de la muerte de dos hombres en París durante los días de disturbios. Los casos todavía no tienen una explicación definitiva.







