Israel celebrará este martes elecciones parlamentarias en un escenario atravesado por las consecuencias de los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, la guerra en Gaza y las tensiones regionales que involucran al Líbano e Irán. Los comicios definirán la composición del próximo gobierno y pondrán a prueba la continuidad del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien busca mantenerse en el poder después de casi cuatro años de su actual mandato.
Unos 7,3 millones de israelíes están habilitados para votar. La disputa principal enfrenta al Likud, el partido de Netanyahu, y sus aliados de la ultraderecha religiosa y los sectores ultraortodoxos, con una coalición de centroderecha encabezada por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot.
En paralelo, Los Demócratas, una fuerza de centroizquierda liderada por el exsubjefe del Estado Mayor Yair Golán, intentará ampliar su representación, aunque los sondeos la ubican por detrás de los dos principales espacios.
Las encuestas anticipan una disputa parlamentaria ajustada. La alianza opositora de centroderecha obtendría entre 52 y 56 escaños, frente a los 50 que reuniría la actual coalición oficialista. Para formar gobierno se necesitan al menos 61 bancas, por lo que los resultados de las fuerzas minoritarias podrían resultar determinantes.
El desgaste político de Netanyahu
Netanyahu llega a las urnas después de enfrentar fuertes cuestionamientos por las fallas de seguridad que permitieron los ataques de Hamas en octubre de 2023. Las críticas apuntan a la falta de prevención y a los errores de los organismos de defensa, en un país donde la seguridad nacional ocupa un lugar central en el debate político.
El primer ministro, que suma más de 19 años en el poder si se consideran sus anteriores períodos de gobierno, también afronta cuestionamientos internacionales por la conducción de la guerra en Gaza y la situación en Cisjordania.
En 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra Netanyahu y el entonces ministro de Defensa Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad vinculados con el conflicto en Gaza. El Gobierno israelí rechazó las acusaciones.
A esas controversias se suma la tensión con Irán, un frente que continúa condicionando la agenda de seguridad israelí y que ocupa un lugar destacado en la campaña electoral.
Netanyahu centró parte de su discurso en la amenaza nuclear iraní y en el respaldo del presidente estadounidense Donald Trump. Desde el oficialismo advierten que un cambio de gobierno podría debilitar la respuesta israelí frente al terrorismo y las amenazas regionales.
La oposición propone una investigación por los ataques
La principal alternativa al actual gobierno está encabezada por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y antiguo aliado político de Netanyahu. Su coalición propone impulsar una investigación independiente sobre los ataques del 7 de octubre y establecer la obligatoriedad del servicio militar para los jóvenes ultraortodoxos.
La cuestión del reclutamiento constituye, además, una fuente de tensión dentro de la propia coalición oficialista. Los aliados ultraortodoxos de Netanyahu amenazan con retirarle su apoyo si continúa la detención de jóvenes jaredíes que no cumplen con las obligaciones militares.
La oposición también cuestiona la estrategia del Gobierno frente a Irán y acusa al primer ministro de elevar el riesgo de una nueva escalada regional.
Gaza y el futuro político de Israel
El conflicto palestino ocupa un lugar central en la discusión electoral, aunque las principales coaliciones no incluyen en sus propuestas una iniciativa explícita para impulsar una solución de dos Estados, como plantea Naciones Unidas.
Mientras Netanyahu sostiene que es necesario impedir que Hamas vuelva a representar una amenaza, dirigentes de su espacio han defendido posiciones favorables a la expulsión de palestinos de Gaza y a la anexión de Cisjordania.
Las listas árabe-israelíes, entre ellas la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida, incorporan propuestas específicas sobre los territorios palestinos y podrían tener un papel decisivo en la conformación del próximo Parlamento.
Con un escenario de bancas fragmentado y sin una mayoría asegurada para ninguno de los grandes bloques, las elecciones definirán no solo la continuidad de Netanyahu, sino también las condiciones políticas para enfrentar los desafíos de seguridad, las tensiones internas y el aislamiento internacional que atraviesa Israel.







