“Me considero un vendedor de globos”: la historia de Petoto, el payaso de la peatonal de Resistencia

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Hace 23 años recorre plazas y calles de la ciudad. Dice que no se siente payaso, pero los chicos, y los que ya no lo son, lo adoptaron como parte de su infancia.

En la peatonal de Resistencia, un viernes por la noche, un hombre con el traje y el calzado de payaso camina entre los paseantes. Lleva globos y unos molinos de colores, y cada tanto alguien se detiene a saludarlo. Es Petoto, una de las caras más conocidas del centro. Cuando el móvil de Danisa, de Radio Ban, lo encontró, estaba rodeado de gente.

Un oficio de 23 años

“Yo hace 23 años que estoy con esto”, cuenta. Desde entonces recorre las plazas y la peatonal, donde dice que “siempre caminó”. Aunque todos lo ven como payaso, él se define de otra manera: “Más que payaso, yo me considero un vendedor de globos”. Aclara que el disfraz es parte del trabajo: “Me visto para poder vender el producto que llevo”. Además de los globos, ahora ofrece molinos, que están de moda.

Asegura que nunca se inspiró en otro payaso, ni local ni de otro lugar del país. “Siempre me gustó la idea de vestirme de payaso”, explica. Y confiesa con humor que se divierte más él que los chicos a los que hace reír.

Ganar “a voluntad”

Su ingreso no es fijo, porque depende de la generosidad de la gente. “Puede llevar 15.000, 20.000 pesos, como a lo mejor no podés llevar nada”, dice. A pesar de esa incertidumbre, asegura que en estos 23 años “nunca me hizo falta qué comer”. Su secreto es la prudencia: “Soy muy, muy cuidadoso, no gasto más de lo que gano”. Con ese criterio, bromea, quizás le va bien “con todos los gobiernos que vienen y que van a venir”.

Reivindica su trabajo como una actividad digna y cree que los vendedores ambulantes “tendrían que vivir bien, sabiendo cuidar”. Pide también que la gente valore lo que hacen.

Fiestas, vestuario y reputación

Aparte de la venta callejera, lo contratan para animar cumpleaños y eventos infantiles. Reconoce que no siempre cae bien: “A alguno le habrá caído bien, a otro regular, y a otro nada bien”. Atribuye su buena aceptación a la presentación. “Trato de estar siempre con los zapatos bien limpios y la ropa bien limpia”, explica, y cuenta que a veces la gente le regala prendas para su vestuario.

“Gracias por haber sido parte de mi infancia”

Entre tantos años de calle, hay una anécdota que lo emociona. Una joven que lo había conocido de chica, y que estaba por irse a vivir a Italia, se le acercó para agradecerle. “Me dijo: gracias por haber sido parte de mi infancia”, recuerda. “Se le caían las lágrimas, y a mí me emocionó mucho también”.

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