En una escalada sin precedentes en Asia Central, el gobierno de Pakistán declaró este viernes una guerra abierta al gobierno talibán de Afganistán y llevó a cabo ataques aéreos sobre la capital afgana, Kabul, así como otras ciudades y posiciones militares en respuesta a una serie de enfrentamientos fronterizos y bombardeos cruzados.
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, anunció en su cuenta oficial en la red social X que “nuestra paciencia ha llegado a su límite. A partir de ahora, estamos en guerra abierta entre nosotros y ustedes”, formalizando el quiebre en las relaciones entre Islamabad y Kabul tras meses de tensiones.
Bombardeos y enfrentamientos
Fuentes oficiales de Pakistán indicaron que las fuerzas aéreas realizaron ataques contra supuestas instalaciones militares talibanas, apuntando a objetivos en Kabul, Kandahar y la provincia de Paktia. El portavoz del gobierno pakistaní afirmó que los bombardeos alcanzaron “objetivos militares”, mientras que los talibanes confirmaron las explosiones en zonas urbanas.
Desde Islamabad se reportó que los ataques habrían causado la muerte de más de 130 combatientes y más de 200 heridos, además de la destrucción o captura de varios puestos talibanes. Por su parte, la versión del gobierno talibán sostiene que sus fuerzas lograron repeler parte de los ataques, con cifras no verificables de bajas y daños.
Orígenes de la crisis
La tensión entre ambos países se había venido agravando desde hace meses por una serie de enfrentamientos en la frontera —especialmente a lo largo de la extensa línea divisoria— y acusaciones mutuas de apoyar a grupos insurgentes que operan en territorio ajeno. Islamabad ha señalado repetidamente que milicias como el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) y otros grupos rebeldes se refugian en suelo afgano, algo que el gobierno talibán niega.
Repercusiones y llamados internacionales
La virulenta escalada ha generado preocupación en la comunidad internacional debido a la posibilidad de un conflicto duradero entre dos países vecinos que comparten una frontera de más de 2.600 km. Organizaciones y gobiernos extranjeros han instado al cese inmediato de las hostilidades y al retorno a la diplomacia para evitar un impacto humanitario mayor en la región.







