Las importaciones argentinas alcanzaron un récord histórico durante el primer trimestre del año, representando el 32% del Producto Bruto Interno (PBI), el nivel más alto desde 1890, según datos oficiales publicados por el INDEC.
El informe revela un crecimiento interanual del 42,8% en las compras al exterior, mientras que respecto al último trimestre de 2024, el incremento fue del 17,7%, incluso teniendo en cuenta la estacionalidad.
Economistas advierten que esta tendencia refleja una recuperación económica basada en el consumo externo, más que en el impulso a la producción nacional. Entre los factores que explican este fenómeno, se señalan el atraso cambiario, la reducción de aranceles, la apertura comercial y un repunte de la demanda interna.
Para el economista Daniel Schteingart, la fuerte suba de importaciones responde a una política de desregulación del comercio exterior, un dólar más barato y el crecimiento de la actividad económica. A pesar del aumento del consumo per cápita, los analistas remarcan que una porción significativa de ese consumo está siendo abastecida con productos importados.
“El consumo privado mide cuánto compran las personas, no si lo que compran es nacional o extranjero”, explicó el economista Martín Carro.
La inversión, por su parte, se mantuvo estable en términos generales, pero cambió su composición: mientras que la compra de maquinaria extranjera creció un 27%, la de origen nacional cayó un 20%.
El analista Juan Nieve advirtió que el crecimiento de las importaciones está teniendo un impacto negativo en la industria local, y alertó además sobre la caída de la inversión pública. “De poco sirve importar camiones si no tenemos rutas para transitarlos”, sostuvo.
Este escenario plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo de recuperación actual y abre el debate sobre el equilibrio entre apertura económica y fortalecimiento de la producción nacional.







